24 feb. 2016

DEL COLOR DE LA LECHE. Nell Leyshon

A Ana,
maravillosa librera y gran lectora. 


MADRID, ED. SEXTO PISO, 2015 (7ª EDICIÓN)
ISBN: 978-84-15601-34-0

Comienza la narración. Parece un diario a través del que Mary, la protagonista, necesita contarnos algo. Y necesita hacerlo con sinceridad porque lo que busca en nosotros, los lectores, es que la creamos. El libro lo está escribiendo con su propia mano, en el año mil ochocientos treinta y uno, fecha en la que tiene quince años. No hace uso de mayúsculas, ni en esta página ni en el resto del libro, con lo que nos consta su precaria alfabetización, la cual se verá corroborada desde un punto de vista estilístico por la abundancia de repeticiones, el abuso de nexos copulativos y la ausencia de estilo directo en los diálogos. Deducimos, a partir de su escritura, que Mary ha nacido en un estrato social desfavorecido pero que algo extraordinario debe haberle sucedido para que estemos delante de su testimonio escrito.

Y no nos equivocamos, pues lo que nos quiere contar es cómo aprendió a leer y a escribir, y las consecuencias trágicas que se derivaron de esa necesidad que un día la apremió y ya no la dejó en paz. 

Desde el lugar donde nos está contando su historia ve el exterior con una percepción casi microscópica, como si la observación de la naturaleza y sus ciclos fuera algo consustancial a su ser, algo que surge de ella de forma básica y espontánea, con la poesía que solo se manifiesta a los ojos del que sabe mirar. 


La narración de Mary va a abarcar cuatro estaciones, que son las partes en las que se divide la obra. Al final de esta sinfonía, precisamente con la primavera, la autora ofrecerá una escalofriante paradoja que sucederá al mismo tiempo dentro y fuera de la protagonista y que, sin duda, nos sorprenderá.
Mary es albina, muy hermosa y arrastra una de sus piernas. Ha aprendido a escribir y este hecho, vivido en un principio (y dada su condición social) como una liberación, constituirá, en cambio, su condena. Al disponerse a relatar lo ocurrido, como el Lazarillo de Tormes, quiere empezar por el principio para dejar constancia de que lo que ha motivado “el caso” (aunque nunca se nombre así) aquí sí tiene una razón de ser. Por tanto, estamos delante de un relato autobiográfico en primera persona con la consiguiente retrospectiva. Mary, como Lázaro, va a ser entregada a un amo para que le sirva y en una misma casa cuatro personajes ejercerán en mayor o menor medida su autoridad sobre ella. Y no dudará en recordar a los señores cuantas veces sea necesario que ella está allí contra su voluntad para hacer ganar dinero a su padre (entonces entendemos que a pesar de que en el seno de su familia es maltratada y utilizada como un objeto masculino de trabajo ella preferiría vivir en la granja laborando de sol a sol con tal de estar con su abuelo, sus hermanas, los animales y el contacto de la tierra). Mary no necesitará desarrollar su ingenio picaresco puesto que su lucidez, su positivdad y su capacidad de adaptarse al medio le servirán de guías.
NELL LEYSHON
Foto: © Anita Schiffer
El pensamiento de Mary es básico, casi primordial, con lo que esta palabra puede encerrar de poesía y de monosemia. En Mary no hay doblez y eso nos cautiva desde el primer instante, nos pone de su lado incondicionalmente. Y, ante todo, nos fascina su manera de ver la realidad, donde cada cosa es lo que es, sin más. Su candidez, acompañada de su agudeza y de su capacidad de observación (típica de los animales para  sobrevivir) nos va a empujar a arroparla y a querer saber más y más de su historia, de su verdad. Sin duda, lo que tiene de excepcional esta novela es la construcción de este personaje, su frescura, su esencialidad, su visión directa de la vida y de las personas (lo que le traerá en muchas ocasiones la consideración de insolente por la clase "superior"). 

Sin embargo, Mary, por mucho que pudiera parecer la trasposición del “buen salvaje” de Rousseau, sí sabe entretejer relaciones humanas. Sin las dos más importantes que aparecen en el relato (a excepción de la que mantiene con sus hermanas) no habría, quizá, una respiración deseable fuera de lo primitivo. La primera  y vital para ella es la relación con su abuelo, en la que la complicidad y la risa brillan sobre un fondo de inevitable denuncia. Y, por otro lado, la relación que vive con la mujer del vicario, enferma, a la que se ve obligada a cuidar, donde encuentra la consideración y las caricias maternales que jamás ha conocido.
En cualquier caso, la magia de la mirada que pone Mary sobre las cosas y su sentido común nos llevan a la empatía y, lo que es más extraordinario en esta novela, esa empatía tiene un camino de ida y vuelta hacia nosotros mismos. Al comprender a Mary somos capaces de comprendernos.

Del color de la leche, como título, ofrece varias lecturas: el albinismo de la protagonista que no es sino símbolo biológico de su inocencia; el contraste ambiental entre la candidez de Mary y la oscuridad turbia que es telón de fondo de la trama; la historia de tres madres que precisamente no han sabido desempeñar su papel.
Esta novela fue recomendada por el gremio de libreros de Madrid, en 2014, y yo deseo adherirme a esta sugerencia por su incuestionable calidad, porque Mary se convierte en un personaje tan inolvidable como el mejor de los clásicos, y por la atemporalidad del tema fundamental. 

Dureza y poesía, desgarro y belleza en equilibrio puro.





DEL COLOR DE LA LECHE de Nell Leyshon
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